martes, 8 de junio de 2010

El tiempo es oro




De repente te encuentras, echando un vistazo a los titulares del periódico, con el ordenador sobre las rodillas, abriendo correos y mirando por encima de las gafas el avance de las principales noticias del telediario. Tu móvil y también el inalámbrico se encuentran sobre la mesa de trabajo, para cuando te llamen desde la otra esquina del planeta a preguntarte si estás contento con el servicio de internet con el que estás conectado. Se supone que este tiempo existe para saborear el resto del día, después de una larga jornada laboral.

Estamos empeñados en hacer un montón de cosas a la vez, convencidos de que el tiempo es oro y no podemos malgastarlo. Es la esclavitud de la aceleración, en la que se produce la extraña paradoja de llevar una vida acelerada, moviéndonos muy poco.

¿Es esto el progreso? yo me pregunto.

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